ALFAS MENS
ALFAS MENS Se un Alfa se un Hombre
03/23/2026
Regresamos con las historias mas extrañas de nuestros seguidores, si te gusta esta sección comparte y dale like para mas contenido.
Hola a todos. Soy Daniel, y tengo que sacar algo de mi pecho, algo que ha estado quemándome por dentro desde que sucedió. Es sobre mi tía, Laura. No la tía típica de las reuniones familiares; Laura es...diferente. Siempre ha sido esa figura libre, con una risa que llena la habitación y un perfume a jazmín y vino tinto que parece seguirla a dondequiera que va.
Era la boda de una prima, una de esas fiestas que empiezan temprano y no tienen intención de terminar. Yo, con mis veinte años, me sentía un poco fuera de lugar, rodeado de primos lejanos y tíos con preguntas sobre mi futuro. Y luego estaba ella. Laura, con un vestido rojo que se adhería a sus curvas como si fuera una segunda piel, bailando descalza sobre el césped.
La vi sola varias veces, riendo para sí misma, con esa mirada perdida en la copa de vino que sostenía. La noche avanzó, la música se volvió más lenta y el alcohol desdibujó los contornos de la cortesía. Nos encontramos cerca de la barra, buscando otro trago. "Nos abandonamos, sobrino", me dijo con una sonrisa pícara, y su aliento era una mezcla dulce y embriagadora. "Parece que solo nos tenemos el uno al otro esta noche".
No supe qué responder, así que solo sonreí. Su mano rozó la mía al tomar la copa que le servía, y fue como una pequeña descarga eléctrica. El contacto duró un segundo, pero fue suficiente para que toda mi atención se enfocara en ella, en la calidez de su piel, en la forma en que sus ojos oscuros me observaban por encima del borde de su copa.
Nos alejamos del ruido, hacia el jardín donde las luces de fiesta se colgaban de los árboles como luciérnagas. El aire estaba fresco. "Caminemos", susurró, y su voz era un hilo de seda. No hablamos mucho. No hacía falta. El silencio entre nosotros estaba lleno de palabras no dichas, de una tensión palpable que crecía con cada paso.
Nos detuvimos junto a la fuente, el sonido del agua era el único murmullo además de nuestra respiración. Ella se recostó en el borde de piedra, y la luz tenue le dibujaba el perfil. Me miró y ya no había broma en sus ojos, solo una pregunta profunda y audaz.
"¿Te sientes tan fuera de lugar como yo, Daniel?".
Me acerqué. No fue una decisión consciente, fue un impulso, como ser atraído por un imán. Pude oler su perfume de cerca, ver el brillo del alcohol en sus labios. "No", mentí. "Con usted, no".
Eso fue todo. Mi respuesta fue la llave. Ella inclinó la cabeza y sus labios encontraron los míos. No fue un beso de tía a sobrino. Fue un beso hambriento, desesperado, lleno de años de no decirnos nada. Sus labios eran suaves y sabían a vino ya deseo. Su mano subió por mi nuca, entrelazando sus dedos en mi cabello, y yo la traje hacia mí, perdiéndome en ese momento prohibido.
Ese beso rompió la última barrera. Sus manos ya no exploraban, reclamaban. Deslizaron sus dedos por la camisa, desabrochándola con una urgencia que me erizó la piel. La fiesta era un rumor lejano, un latido perdido en otra galaxia. "Aquí", susurró, señalando con la cabeza una pequeña caseta de jardín, usada para guardar las herramientas.
La puerta crujió al abrirla y nos sumimos en una oscuridad casi total, solo perforada por los rayos de luna que se colaban por una pequeña ventana. El olor a tierra ya madera se mezcló con su perfume. Me empujó suavemente contra una pared, y su boca volvió a buscar la mía, esta vez más salvaje, más voraz. Sentí el peso de su cuerpo contra el mío, la forma perfecta en que encajábamos, como si hubiéramos estado destinados a encontrarnos en esa oscuridad.
Mis manos encontraron el cierre de su vestido y lo deslicé con lentitud, sintiendo cómo la tela caía y descubría la calidez de su espalda. La piel era aterciopelada, y cada centímetro que descubría era un nuevo territorio que reclamaba como mío. Ella arqueó la espalda, emitiendo un susurro que era mi nombre y una plegaria a la vez. La levanté, y ella envolvió sus piernas alrededor de mi cintura, el calor de su centro presionando contra mí, aniquilando cualquier resto de duda.
El resto fue un torbellino de piel y jadeos, de movimientos que se volvieron más rápidos, más frenéticos. El dejé sobre una pila de sacos de yute, y la luna bañó su cuerpo en una luz plateada que la hacía parecer una diosa pagana. La miré un instante, a sus ojos brillantes en la oscuridad, y vi el mismo deseo ciego que me consumía. Me incliné sobre ella, y cada movimiento fue una respuesta a la pregunta que nos habíamos hecho toda la noche. Fue un encuentro sin palabras, solo el ritmo primordial que nos unía, el sudor, los gemidos ahogados y la sensación de estar perdiéndonos el uno en el otro, en un acto que era tan hermoso como terriblemente prohibido.
Cuando terminamos, permanecimos en silencio, abrazados en el suelo de la caseta, escuchando cómo nuestros corazones recuperaban su ritmo normal. La música de la fiesta seguía sonando, pero ahora parecía una canción de otro mundo. Laura acarició mi pelo, y su beso en mi frente no fue de pasión, sino de algo más complejo, un sello silencioso sobre nuestro pacto secreto.
"Volvamos antes de que nos extrañen", dijo con voz suave.
Nos arreglamos lo mejor que pudimos, el olor a s**o ya jazmín impregnado en nuestra piel. Salimos a la noche como dos ladrones que acababan de cometer el robo más grande de sus vidas. Y desde esa noche, ese secreto es nuestro, guardado bajo la piel y el recuerdo imborrable de la única vez que cruzamos esa línea, en la oscuridad de una caseta de jardin.
03/23/2026
Hola, Alfa Men´s. Soy Elena, y hoy vengo a contarles una historia que nunca se atrevería a contar en persona. Es la historia de cómo mi vida se volvió un in****no y un paraíso al mismo tiempo, todo dentro de las mismas cuatro paredes.
Todo empezó con mi esposo, Roberto. Amo a ese hombre, pero es un trailero. La carretera es su verdadera esposa. Yo solo soy la parada de fin de semana. Me pasaba días, a veces semanas, sola en esta casa tan grande que se sentía vacía. Me sentí invisible, como si mi único propósito fuera de mantener la casa caliente para cuando él decidiera regresar.
Y entonces llegó Javier. Mi hijastro. Un chico de veinte años, todos los músculos y actitud problemática. Su mamá lo corrió de la casa, y Roberto, sintiéndose culpable por nunca estar ahí, le dio un techo aquí. Al principio, no nos soportábamos. Era un desastre, dejaba todo desordenado, tenía música a todo volumen... un verdadero ca**ón.
Pero una noche, Roberto se fue de ruta por tres días. Estaba sola, otra vez, y me sentí fatal. Javier y yo terminamos en la cocina, tomando una cerveza. La conversación se puso pesada, me dijo cosas que dolían porque eran ciertas: que estaba sola, que mi marido me descuidaba. Y yo, en un ataque de honestidad y soledad, le dejé ver mi propia frustración.
No sé cómo pasó, la verdad. No fue planeado. De repente, ya no éramos la madrastra y el hijastro. Éramos solo un hombre y una mujer, solos y necesitados. Esa noche, cruzamos una línea que nunca debimos cruzar. Fue un error, una locura de un momento.
Al día siguiente, la culpa me comía viva. Le dije a Javier que aquello no podía volver a pasar. Él, por una vez, no me contestó mal. Solo ascendiendo.
Pero cuando Roberto regresó, algo cambió. Actuamos como si nada. Javier se portó como un hijo ejemplar y yo como la esposa dedicada. Pero en cuanto las luces del camión de mi esposo se perdían en la calle, la tensión que quedaba en el aire era diferente. Era un acuerdo silencioso.
Nos convertimos en los mejores actores del mundo. Cuando Roberto está aquí, somos la familia perfecta. Nos sentamos a cenar, le contamos de nuestro día, sonreímos. Pero en cuanto él se va... la casa se transforma. Ya no somos madrastra e hijastro. Somos cómplices. Nos escondemos en su cuarto, en el mío, en la sala de estar... robando momentos que no nos pertenecen.
Sé que está mal. Cada vez que oigo el teléfono y es mi esposo, me muero de la culpa. Pero también es la única vez que me siento viva, que siento que alguien me ve. Javier me da lo que mi marido no puede: presencia. Y yo le doy a él un refugio, un lugar donde, a pesar de todo, se siente querido.
Vivo una doble vida. De día, soy la esposa fiel y paciente. De noche, soy la amante de mi hijastro. Es un secreto que me destruye y me sostiene a la vez. Y no sé hasta cuándo podremos mantener esta fachada antes de que nos descubran.
03/19/2026
Tru
03/18/2026
Raza a la novia de mi compa la picaron este fin de semana los mosquitos, tengan cuidado cuando las dejen salir a acampar.
03/18/2026
Jajajja pobre
Jajajaja etiqueta a tu amigo pajero
Jajajajjajaja etiqueta a tu novia
Soy
Ssssssss true
Me llaman Romeo
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