Volver al Ser - Lic Jime Sesto
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05/09/2026
Con un hermano no elegís el vínculo. Ahí está, antes de que puedas decidir nada, compartiendo la casa, la mesa, los juguetes, las peleas por cualquier cosa. Es el primer lugar donde aprendés a ceder, a competir, a pedir perdón sin que nadie te lo tenga que explicar con palabras.
Cada hermano es una forma distinta de caminar el territorio. Por eso la relación entre hermanos es uno de los lazos más profundos de la vida — un organizador de la identidad y del desempeño vincular en la adultez.
Pero esa relación no es espontáneamente armoniosa. Los padres cumplen acá una función reguladora: validar emociones sin amplificar rivalidades, garantizar que cada hijo, en su diferencia, sienta que es importante. Proteger el vínculo desde el respeto.
A mí esa primera persona me tocó en Pau. Mi "Polita", así la llamé desde sus inicios.
Crecimos compartiendo cuarto, secretos, y también esos silencios que de chicas no sabíamos nombrar. Fuimos aprendiendo juntas, sin manual, a discutir y volver, a competir y sostenernos, a reordenarnos entre lealtades y mandatos, y a evolucionar. A desromantizar por momentos la relación de hermanas, para construir la propia. La nuestra.
Un vínculo que será eterno. Pero una relación que pudo evolucionar y transformarse, aun con sus crisis y sus desacuerdos —necesarios para reconocernos una vez más, como pares, en las diferencias y en las similitudes. Hay algo que no debe cambiar: el respeto, la dignidad y la grandeza son las mismas para las dos.
Hoy, en este día, mi Polita nos abrazó en la distancia de los kilómetros. Celebro tu recorrido, tu amor, aquello que te guía cada día. Agradezco a mamá y papá el regalo de que seas mi hermana menor, todos los juegos compartidos, las peleas que nos permitieron crecer. Y deseo que sigamos cultivando nuestra relación, siendo equipo.
La vida es más linda junto a vos. Te amo, hermana querida.
Y vos, ¿qué te gustaría decirle a tu hermano o hermana? ¿O qué te gustaría que te diga?
Te leo,
Jime ✨
27/08/2026
Hay una ansiedad muy actual con "no estar avanzando". Si no hay un logro visible, un cambio que se pueda nombrar, una señal concreta de movimiento, aparece la sensación de que algo está mal. De que nos quedamos atrás. De que el proceso se frenó.
Pero no todo lo que está quieto, está detenido.
Hay procesos que necesitan reposo para poder asentarse — igual que un cuerpo necesita descanso para que un músculo se repare, o que una herida necesita tiempo sin ser tocada para cerrar bien. Ese tiempo no es un vacío. Es donde ocurre algo que no se ve, pero que sostiene lo que después sí se va a notar.
Hace poco me di cuenta de esto. Necesité más de un día para parar, para encontrarme en el medio de todo lo que me ocurría y ocurría en mi mundo. Dar espacio, aire, descanso. Respetar lo que mi interior necesitaba, darle lugar, presencia. Sentir que el alma pedía silencio, cobijo — porque seguir empujando estaba lejos de ser fortaleza.
Lo quieto no es lo mismo que lo vacío. A veces, mientras aparentemente no pasa nada afuera, algo profundamente activo está sucediendo adentro: se está ordenando, acomodando, integrando. Tal como se sugiere luego de un taller de constelaciones: respetar lo que sucedió, soltar el relato, y permitirle al interior que ordene a su tiempo todo eso que se vivió — sin exigencias, sin repaso, sin sobreanálisis. Solo habitando.
El problema no es la quietud. El problema es la exigencia de que todo proceso se muestre siempre en acción, como si detenerse fuera sinónimo de fracasar.
Después de tanto sostener, pensar, hacer, intentar encontrar, lo que sigue es agotamiento. Y descansar también es parte del camino. Hacer una pausa. Bajarle el volumen al ruido.
No se trata de perder el tiempo. Se trata de recuperar las fuerzas que hacen falta para el próximo paso — porque no se avanza con lo que ya no queda, se avanza con lo que se recupera en la pausa.
Porque a veces, lo que más se mueve, es lo que menos se ve.
Te leo,
Jime 🦋
20/08/2026
Darse cuenta de algo no lo cambia. Eso es lo que casi nadie te cuenta cuando empieza a mirarse.
Podés entender perfectamente por qué siempre sos el que sostiene, el que no pide, el que resuelve todo antes de que se note que necesitaba ayuda. Podés nombrarlo, explicarlo, hasta compartirlo en una charla con amigos. Y aun así, la próxima vez que la situación se repita, terminás haciendo exactamente lo mismo.
Porque una cosa es comprenderlo desde la cabeza, y otra muy distinta es entenderlo también desde el cuerpo. Cuando la toma de conciencia solo queda en la mente, en lo cognitivo, es información que se guarda pero no se pone en juego. Cuando ese entender baja y se hace cuerpo, lo sigue naturalmente la acción — el movimiento que trae lo nuevo.
Es casi un movimiento cuántico: la nueva información, para volverse real, pide ser hecha por nosotros. Necesita un movimiento concreto, que abra escenarios que antes no existían. Sin ese movimiento, lo que se vio queda dando vueltas en la cabeza, pero el escenario sigue siendo el mismo de siempre.
Y ese movimiento —decir que no donde siempre dijiste que sí, pedir donde siempre resolviste solo, quedarte en silencio donde siempre saliste a destensar— puede seguir costando. Mucho.
Si eso pasa, si seguís intentando y sigue costando igual, quizás la invitación no es a exigirte más, sino a mirar qué es lo que te está bloqueando hacerlo. Ahí suele haber algo más, esperando también ser visto.
Por eso el cambio real no es un clic, es un entrenamiento. Elegir distinto una vez no alcanza — hay que elegirlo de nuevo la próxima vez que aparezca la misma escena, y la siguiente, hasta que ese nuevo lugar deje de sentirse ajeno.
Ver el rol fue el primer paso. El segundo, mucho más silencioso, es sostener la incomodidad de no volver a él — y mirar con curiosidad, sin juicio, todo lo que todavía se resiste a soltarlo.
¿Cómo te encontrás hoy en tu propio entrenamiento del cambio?
Te leo,
Jime 🦋
16/08/2026
En todo sistema familiar hay roles que se reparten, casi siempre sin que nadie los elija a propósito. El que absorbe la tensión. El que no pide nada. El que hace reír para destensar. El que crece rápido porque hacía falta.
Esos roles no nacen de quién eras — nacen de un equilibrio que el sistema necesitaba sostener, y vos, con la generosidad enorme que tiene un niño, lo sostuviste. Sin que nadie te lo pidiera con palabras. Sin saber que estabas eligiendo algo.
Hoy, ese lugar quizás lo seguís ocupando sin darte cuenta — en el trabajo, en la pareja, en cómo te tratás cuando algo te duele y decidís no molestar a nadie con eso.
Este Día del Niño, capaz el gesto más lindo no es mirar atrás con lupa, buscando qué faltó. Es mirar a ese niño o niña que hizo lo que pudo con lo que tenía, con una entrega tan grande que ni siquiera sabía que estaba entregando algo.
Y decirle gracias. Gracias por sostener. Gracias por adaptarte. Gracias por encontrar la forma de que todo funcionara, aunque te costara.
Ya cumpliste. Ya no hace falta que sigas en ese lugar si no querés. Honro todo lo que has sido y ahora yo te regalo la aventura de ser, lo que desees ser.
Hoy podés elegir vos qué parte ocupar — y desde ahí, empezar a relacionarte distinto, tomando el pasado no como ancla, sino como el tobogán que te impulsa hacia lo que viene.
Feliz Día de la Niñez a todos los niños que fuimos, y a todos los que hoy son.
Te leo,
Jime✨
10/08/2026
Muchos conflictos en nuestras relaciones no empiezan con el otro.
Empiezan en partes nuestras que todavía no conocemos del todo.
Reaccionamos, nos cerramos, nos vamos, nos quedamos de más, exigimos o callamos, y creemos que el problema es el vínculo.
👉 Sin embargo, muchas veces lo que está pidiendo atención es la forma en que nos estamos habitando.
🫂 Y cuando hablamos de vínculos, no nos referimos solo a los que tenemos con otras personas. También nos vinculamos con el dinero, con el trabajo, con el amor, con nuestro cuerpo, con la energía que ponemos en lo que hacemos y con la vida misma.
Habitarme para Vincularme no es aprender técnicas de comunicación. Es revisar la raíz. Es comprender desde dónde elijo, qué historia estoy repitiendo, qué lealtades siguen activas y qué partes mías todavía buscan ser vistas.
👉 Porque cuando eso no se mira, los escenarios cambian, pero el guión se repite.
Por eso vuelvo a abrir una nueva edición de Habitarme para Vincularme, un proceso grupal de 21 días🗓 para quienes sienten que ya no quieren seguir señalando afuera lo que necesitan ordenar adentro.
Esta vez lo hacemos coincidir con la primavera — porque hay algo simbólico en elegir revisar la raíz justo cuando todo alrededor empieza a florecer.
✨ Durante el recorrido vamos a trabajar con reflexiones, ejercicios de observación personal y propuestas que ayudan a mirar con más profundidad la forma en que nos vinculamos, para empezar a elegir de un modo más consciente.
📅 Inicio: Martes 1 de Septiembre
Modalidad: acompañamiento diario en grupo de Whatsapp durante 21 días
💻 Cierre: encuentro integrador por Zoom (día y horario a coordinar con el grupo)
Cupos limitados📌
Si sentís que te gustaría comenzar a relacionarte diferente en tus vínculos, escribí HABITARME y te envío toda la información.
Te leo,
Jime 🦋
01/08/2026
El suelo que pisas, el aire que respiras, lo que comes cada día. Está ahí, sin fallar, tan seguro que dejaste de verlo. Y con lo que nos sostiene pasa siempre lo mismo: de tan constante, se vuelve paisaje.
La Pachamama, la Madre Tierra, nos invita una vez al año a volver a mirar. A agradecer lo que está siempre. Pero creo que hay algo todavía más profundo detrás de ese gesto.
Nos cuesta cuidar la Tierra, en parte, porque la sentimos como algo separado de nosotros. Algo que está ahí afuera, enfrente. Un recurso, un paisaje, un tema. Pero no es así. No estás frente a la Tierra: sos parte de ella. El mismo suelo que te sostiene es del que estás hecho.
Y ahí cambia todo. Porque cuidar deja de ser una obligación con algo externo, y pasa a ser otra cosa: dejar de mirarte como una excepción. Reconocer que lo que le pase a eso que te rodea, te pasa también a vos.
Como dice Guillermo Leone: cuidar del Todo es cuidar de nuestra casa, de las fuentes de las que abrevamos la vida.
Hoy, un buen día para volver a sentirte parte.
Feliz día de la Pachamama. 🌎
Te leo,
Jime✨
29/07/2026
Vinimos a creer que entendernos es escarbar en la historia. Y en parte es cierto: mirar de dónde venís, lo que te marcó, lo que aprendiste sin darte cuenta, ordena un montón. Pero hay un punto donde eso se puede dar vuelta.
Porque una cosa es usar el pasado como trampolín, y otra muy distinta es usarlo como sillón.
El trampolín te sirve para tomar impulso. Volvés a lo que fue, lo mirás, lo reconoces — y desde ahí saltas hacia otra cosa. El sillón, en cambio, es cómodo. Te instalas. "Soy así porque me pasó esto." Y esa frase, que a veces alivia, otras veces se vuelve el lugar donde te quedás a vivir, sin moverte más.
Entender tu historia no es para justificarte. Es una invitación a transformarte.
Y ahí está la diferencia entre darte cuenta y hacerte cargo. Darte cuenta alivia: por fin le ponés nombre a algo. Pero lo que transforma viene después, cuando con eso que viste elegís hacer algo distinto. Cuando dejás de explicar quién sos por lo que te pasó, y empezás a decidir quién querés ser a partir de ahí.
El pasado tiene cosas para mostrarte. Pero no es un lugar para quedarse. Es un punto de apoyo para lo que sigue.
Te leo,
Jime 🦋
24/07/2026
Confundimos la reconciliación con un montón de cosas que no es. Pensamos que reconciliarnos significa que el otro zafa, que hay que volver a sentarlo a la mesa, que tenemos que sentir algo cálido que no sentimos. Y como no queremos nada de eso, elegimos quedarnos en guerra.
Pero la palabra, en su raíz, dice algo distinto. Reconciliar viene del latín: volver a convocar, restablecer la unión. No habla de perdón. Habla de volver a darle un lugar a eso que quedó afuera, excluido.
Y ahí cambia todo. Porque hay vínculos que no se pueden deshacer. Una cosa es el vínculo — que existe, lo quieras o no, es un hecho y no una elección — y otra muy distinta es el amor, la cercanía, las ganas de tener al otro cerca. Eso puede estar, o no.
Reconciliarte no es borrar lo que pasó, ni forzar un cariño que no aparece, ni hacer de cuenta que no dolió. Es algo más silencioso: volver a darle a esa persona, o a eso que viviste, un lugar en tu historia. Reconocer que es parte de dónde venís, de cómo llegaste hasta acá. Y dejar de pelearte con eso — sin que signifique perdón, ni cercanía, ni volver.
Es poner cada cosa en su lugar. A cada uno en su tamaño. Sin idealizar, sin negar. Y desde ahí, algo en vos puede descansar.
Porque quizás reconciliarte no sea hacer las paces con el otro. Sea dejar de hacerte la guerra a vos.
Te leo,
Jime✨
20/07/2026
❤️No son necesariamente los que más viste. Son los que te vieron. Los que estuvieron ahí mientras te ibas convirtiendo en quien sos hoy, sin apuro, sin darse cuenta de que estaban siendo parte de algo importante.
Un amigo de años guarda cosas de vos que ni vos recordás. Se acuerda de quién eras antes, de las versiones que fuiste dejando por el camino, de esos momentos que te marcaron aunque en su momento parecían nada. Tiene pedazos de tu historia que solo esa persona conoce. Y cuando la vida te corre de eje, alcanza con que esté para que algo tuyo vuelva a su lugar.
Porque parte de quién sos hoy existe porque alguien estuvo ahí para verlo. Para sostenerlo. Para recordártelo cuando vos lo olvidabas.
Eso no es poca cosa. Es, quizás, una de las formas más silenciosas del amor: la de quien te acompaña a ser vos, sin pedir nada a cambio, solo por el gusto de haberte visto crecer.
Hoy es un buen día para agradecerles. No por lo que hicieron, sino por lo que son: parte de tu identidad, testigos de tu historia, cómplices de la persona en la que te convertiste.
Y quiero dedicarle unas palabras a esas amistades que representan quién soy y quién he sido. A las que están, a las que ya no, y a las que todavía están por llegar: GRACIAS por ser parte. Por haberme visto, por haberme sostenido, por dejar una huella en mi historia. Parte de quien soy hoy también es gracias a ustedes.
Te leo, Jime ✨
20/07/2026
❤️No son necesariamente los que más viste. Son los que te vieron. Los que estuvieron ahí mientras te ibas convirtiendo en quien sos hoy, sin apuro, sin darse cuenta de que estaban siendo parte de algo importante.
Un amigo de años guarda cosas de vos que ni vos recordás. Se acuerda de quién eras antes, de las versiones que fuiste dejando por el camino, de esos momentos que te marcaron aunque en su momento parecían nada. Tiene pedazos de tu historia que solo esa persona conoce. Y cuando la vida te corre de eje, alcanza con que esté para que algo tuyo vuelva a su lugar✨
Porque parte de quién sos hoy existe porque alguien estuvo ahí para verlo. Para sostenerlo.
Para recordártelo cuando vos lo olvidabas.
Eso no es poca cosa. Es, quizás, una de las formas más silenciosas del amor: la de quien te acompaña a ser vos, sin pedir nada a cambio, solo por el gusto de haberte visto crecer.
Hoy es un buen día para agradecerles. No por lo que hicieron, sino por lo que son: parte de tu identidad, testigos de tu historia, cómplices de la persona en la que te convertiste.
Y quiero dedicarle unas palabras a esas amistades que representan quién soy y quién he sido.
A las que están, a las que ya no, y a las que todavía están por llegar: GRACIAS por ser parte. Por haberme visto, por haberme sostenido, por dejar una huella en mi historia.
Parte de quien soy hoy también es gracias a ustedes.
Te leo, Jime ✨
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