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16/03/2026
04/12/2025
17/09/2025
𝗘̳𝗹̳ 𝗲̳𝘁̳𝗲̳𝗿̳𝗻̳𝗼̳ 𝗰̳𝗮̳𝗿̳𝗻̳𝗮̳𝘃̳𝗮̳𝗹̳ 𝗱̳𝗲̳𝗹̳ 𝗼̳𝗹̳𝘃̳𝗶̳𝗱̳𝗼̳:̳ 𝗹̳𝗮̳ 𝗵̳𝗲̳𝗿̳𝗲̳𝗻̳𝗰̳𝗶̳𝗮̳ 𝗱̳𝗲̳ 𝗖̳𝗮̳𝗿̳𝗹̳𝗼̳𝘀̳ 𝗕̳𝗿̳𝘂̳
Cuando la persona a cargo tiene decencia moral, no hace falta propaganda: sus actos hablan. Se nota en las decisiones que toma, en la capacidad de priorizar lo importante y en el coraje de sembrar futuro aun en medio de la escasez. Pero 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐫𝐞𝐢𝐧𝐚 𝐞𝐬 𝐥𝐚 𝐦𝐞𝐳𝐪𝐮𝐢𝐧𝐝𝐚𝐝, 𝐥𝐚 𝐟𝐫𝐢𝐯𝐨𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐲 𝐥𝐚 𝐚𝐮𝐬𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐯𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧, lo que queda es un pueblo herido, calles rotas y generaciones postergadas, condenadas a la resignación.
El coronel Roger Centeno Sánchez (+) creyó que 𝐘𝐚𝐜𝐮𝐢𝐛𝐚 𝐩𝐨𝐝𝐢́𝐚 𝐬𝐨𝐧̃𝐚𝐫 𝐦𝐚́𝐬 𝐚𝐥𝐭𝐨. 𝐃𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐂𝐨𝐧 𝐟𝐞 𝐝𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐒𝐚𝐧𝐭𝐚 𝐂𝐫𝐮𝐳, 𝐝𝐨𝐧𝐨́ 𝐥𝐚 𝐛𝐢𝐛𝐥𝐢𝐨𝐭𝐞𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐬𝐮 𝐩𝐚𝐝𝐫𝐞, 𝐞𝐥 𝐩𝐫𝐨𝐟𝐞𝐬𝐨𝐫 𝐉𝐨𝐬𝐞́ 𝐂𝐞𝐧𝐭𝐞𝐧𝐨 𝐁𝐢𝐥𝐛𝐚𝐨 𝗟𝗮 𝗩𝗶𝗲𝗷𝗮: un hombre que acumuló en letras y páginas un verdadero tesoro cultural. Ese acervo que bien podría haber guiado en la brújula intelectual de la juventud, un centro de conocimiento digno de los pueblos que honran su historia. Un contenido particular que recordaba con orgullo a los soldados bolivianos que dieron su vida en la 𝐆𝐮𝐞𝐫𝐫𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐂𝐡𝐚𝐜𝐨, en respeto a la memoria del acontecimiento bélico que marcó el punto de inflexión que cambió el destino de este rincón patrio.
Pero 𝐞𝐥 𝐞𝐫𝐫𝐨𝐫 𝐟𝐮𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐢𝐚𝐫 𝐞𝐬𝐞 𝐩𝐚𝐭𝐫𝐢𝐦𝐨𝐧𝐢𝐨 𝐞𝐧 𝐂𝐚𝐫𝐥𝐨𝐬 𝐁𝐫𝐮. La historia podría juzgar ese gesto como una ingenuidad: depositar cultura en manos de alguien moral e intelectualmente minúsculo, incapaz de ver que en los libros late el poder de transformar sociedades.
Yacuiba, a diferencia de otros municipios, nunca levantó una biblioteca digna, ni una hemeroteca, ni un centro de consulta histórica. Nada. ¿Por qué? Porque para Bru la prioridad jamás fue sembrar futuro, sino celebrar la inmediatez.
𝐄𝐥 𝐚𝐥𝐜𝐚𝐥𝐝𝐞 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐚𝐜𝐚
Desde que asumió en 2006, Bru redujo la gestión pública a un eterno carnaval. Con los millones del gas bajo el brazo, organizó serenatas con artistas internacionales, espectáculos estridentes que duraban una noche y dejaban a la ciudad hundida en la resaca del día siguiente.
𝐄𝐧𝐭𝐫𝐞 𝟐𝟎𝟎𝟔 𝐲 𝟐𝟎𝟏𝟓, 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐥𝐨𝐬 𝐫𝐞𝐜𝐮𝐫𝐬𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐧𝐭𝐚 𝐩𝐞𝐭𝐫𝐨𝐥𝐞𝐫𝐚 𝐟𝐥𝐮𝐢́𝐚𝐧 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐫𝐢́𝐨 𝐜𝐚𝐮𝐝𝐚𝐥𝐨𝐬𝐨, Yacuiba no reparó en inversiones estratégicas ni proyectos estructurales, solo la ilusión pasajera del entretenimiento ¿Quién estaba en gestión? Exacto, don Carlos Bru.
¿Qué queda hoy de aquellos 𝐚𝐧̃𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐛𝐨𝐧𝐚𝐧𝐳𝐚❓ Apenas recuerdos difusos, fotos borrosas, comentarios de quienes asistieron a las fiestas. Ni industrias, ni parques tecnológicos, ni parques industriales, ni puerto seco, ni centros de investigación, ni calles dignas, ni barrios rebosantes de servicios, menos salud digna y centro de educación superior. Nada que pueda llamarse legado.
𝐄𝐥 𝐥𝐞𝐠𝐚𝐝𝐨 𝐝𝐞 𝐂𝐚𝐫𝐥𝐨𝐬 𝐁𝐫𝐮.
Mientras tanto, la juventud —que debía ser heredera de oportunidades— quedó condenada a mirar con nostalgia la abundancia despilfarrada. En vez de laboratorios, bibliotecas o becas, recibieron orquestas y fuegos artificiales. En vez de sembrar futuro, se sembró olvido.
𝐋𝐚 𝐠𝐞𝐬𝐭𝐢𝐨́𝐧 𝐦𝐞𝐝𝐢𝐨𝐜𝐫𝐞 𝐝𝐞 𝐮𝐧 ❞𝐩𝐚𝐝𝐫𝐞 𝐢𝐫𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐬𝐚𝐛𝐥𝐞❞
𝐂𝐚𝐬𝐢 𝐯𝐞𝐢𝐧𝐭𝐞 𝐚𝐧̃𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐛𝐨𝐧𝐚𝐧𝐳𝐚 𝐠𝐚𝐬𝐢́𝐟𝐞𝐫𝐚 𝐦𝐚𝐫𝐜𝐚𝐫𝐨𝐧 𝐚𝐥 𝐆𝐫𝐚𝐧 𝐂𝐡𝐚𝐜𝐨. 𝐘 𝐞𝐧 𝐘𝐚𝐜𝐮𝐢𝐛𝐚, 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐨𝐬 𝐯𝐞𝐢𝐧𝐭𝐞, 𝐪𝐮𝐢𝐧𝐜𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐮𝐯𝐢𝐞𝐫𝐨𝐧 𝐛𝐚𝐣𝐨 𝐥𝐚 𝐬𝐨𝐦𝐛𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐂𝐚𝐫𝐥𝐨𝐬 𝐁𝐫𝐮: alcalde de 2006 a 2010 por el MNR, reelegido de 2010 a 2015 por el PAN, viceministro de Defensa Civil de 2018 a 2021, y nuevamente alcalde desde 2021 hasta hoy, esta vez por el MAS.
¿Qué nos deja tras tanto tiempo en el poder? Obras inconclusas y mediocridad. Ejemplo claro: el mercado campesino San Gerónimo, que tardó 12 años en concluirse, pero cuyos accesos siguen siendo un lodazal. 𝐂𝐚𝐥𝐥𝐞𝐬 𝐬𝐢𝐧 𝐩𝐚𝐯𝐢𝐦𝐞𝐧𝐭𝐚𝐫 𝐬𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐯𝐢𝐫𝐭𝐢𝐞𝐫𝐨𝐧 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐬𝐢́𝐦𝐛𝐨𝐥𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐝𝐞𝐬𝐠𝐨𝐛𝐢𝐞𝐫𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐘𝐚𝐜𝐮𝐢𝐛𝐚 𝐝𝐞 𝐁𝐫𝐮. ¿Puede haber metáfora más precisa de su incapacidad? Con un remedo de intento de pavimento no pudo completar la tarea de cuatro cuadras en los últimos cuatro años y medio de gestión. Contrasta con la agilidad para armar fiestas, serenatas y trasnochadas de música hasta el alba del siguiente día.
Otro ejemplo: la avenida San Gerónimo que se une con el cementerio Divina Paz, luce igual de olvidada. Es la puerta de entrada a la ciudad, a metros de la rotonda de Los Libertadores, a la vista de Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, donde el pavimento extinto da paso a interminables huecos y baches. Allí mismo, paradójicamente, Bru organizó dos serenatas en su actual gestión, gastando más de 500 mil bolivianos cada una, según los trascendidos. A ligera, un millón en alcohol y música, cero inversión en asfalto. Es el retrato de un alcalde que confunde liderazgo con parranda.
𝐋𝐚 𝐝𝐢𝐟𝐞𝐫𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐝𝐢𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐲 𝐩𝐚𝐫𝐫𝐚𝐧𝐝𝐢𝐬𝐭𝐚𝐬
La comparación es inevitable con la marca cruceña. La población de Santa Cruz y gran parte del país, recordará por siempre a Percy Fernández como un alcalde que, con todas sus extravagancias, transformó la ciudad y dejó obras palpables.
𝐘𝐚𝐜𝐮𝐢𝐛𝐚, 𝐞𝐧 𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐨, 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐫𝐝𝐚𝐫𝐚́ 𝐚 𝐁𝐫𝐮 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐞𝐥 ❞𝐚𝐥𝐜𝐚𝐥𝐝𝐞 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐚𝐜𝐚❞: un hombre que desperdició el tesoro del gas y redujo la política a un show de luces y bocinas.
Bru no será recordado como visionario ni como gestor. Su nombre quedará tatuado en la memoria yacuibeña como sinónimo de oportunidad perdida. Porque cuando tuvo todo —recursos, poder y tiempo— no hizo nada. Y cuando la crisis llegó, su único recurso fue seguir organizando fiestas, pese a tener “en casa” las arcas vacías.
𝐉𝐮𝐯𝐞𝐧𝐭𝐮𝐝 𝐭𝐫𝐚𝐢𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐝𝐚
La traición más grande no fue a la infraestructura ni a los libros: fue a la juventud. La generación que pudo haber crecido con universidades modernas, con centros de innovación, con oportunidades laborales, fue condenada verse postergada, obligada a emigrar o resignarse. El discurso del “mirar al futuro” fue tan vacío como los escenarios al día siguiente de las fiestas.
La juventud no necesita migajas ni promesas electorales: necesita un plan, un rumbo, un liderazgo que entienda que gobernar es sembrar futuro, no comprar aplausos efímeros.
𝐏𝐚𝐬𝐚𝐫 𝐥𝐚 𝐩𝐚́𝐠𝐢𝐧𝐚
Hoy Yacuiba respira abandono: calles sucias, barrios descuidados, obras inconclusas. La gente lo sabe. La paciencia se agotó. El desamor de Bru hacia su propia ciudad destila por los poros y no se puede disimular.
El pueblo ya no espera milagros. Solo espera que se pase la página y se borre de un plumazo al peor gobernante que Yacuiba ha tenido. Porque la historia, al final, no se escribe con música ni con alcohol: se escribe con dignidad, con obras, con visión.
𝐘 𝐞𝐬𝐚 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚, 𝐭𝐚𝐫𝐝𝐞 𝐨 𝐭𝐞𝐦𝐩𝐫𝐚𝐧𝐨, 𝐩𝐨𝐧𝐝𝐫𝐚́ 𝐚 𝐂𝐚𝐫𝐥𝐨𝐬 𝐁𝐫𝐮 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐥𝐮𝐠𝐚𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐞 𝐜𝐨𝐫𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐝𝐞: 𝐞𝐥 𝐝𝐞𝐥 𝐞𝐭𝐞𝐫𝐧𝐨 𝐜𝐚𝐫𝐧𝐚𝐯𝐚𝐥 𝐝𝐞𝐥 𝐨𝐥𝐯𝐢𝐝𝐨.
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