Ana Palacios

Ana Palacios

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Salon de belleza. Peluqueria, Estetica y Solarium

14/05/2024
09/05/2024

En el sur de Japón, en la prefectura de Yamaguchi, hay una estación de tren en el medio de la nada, sin entrada ni salida, en un terreno completamente aislado y remoto: la estación de la que estamos hablando se llama Seiryu Miharashi Eki

No hay taquilla, no hay tiendas, no hay bar. El tren se detiene en medio de la nada absoluta. Te bajas, pero no puedes ir a ningún lado y, para irte, tienes que esperar al próximo tren.

Se dice que esta estación sólo tiene una función: recordar a los hombres la importancia de detenerse, tanto física como mentalmente, y admirar el paisaje.

09/05/2024

"No podemos ser revolucionarios si no amamos la vida" S. Weil

¿Cuál es tu tormento?

¿Qué es la atención? La pensadora francesa Simone Weil, que hizo de esa pregunta el corazón de su filosofía, responde: la atención es la capacidad de esperar. Una espera no resignada, sino activa, intensa, alerta.

Simone Weil distingue atención y concentración: la atención no es un esfuerzo trabajoso de voluntad, sino un estado de apertura y disponibilidad. Al mundo, a los otros y a la situación que habitamos. No requiere tanto de un trabajo o de una disciplina penosa, como de una relación con el deseo y la alegría. Si hay deseo hay atención, ponemos atención a lo que deseamos. No consiste tanto en “enfocar” o “centrarse”, sino en vaciarse de prejuicios para ser capaces de acoger algo desconocido y no previsto de antemano.

Es la cualidad, para Simone Weil, de todo aprendizaje y de toda relación no instrumental con los otros.

Lo único que debe enseñarse en la escuela, recomienda provocadoramente Weil, es justamente a prestar atención. Un ejercicio de lógica o de filosofía, de matemáticas o de literatura, sólo son diferentes modos de ejercitar la capacidad de atención. Primero, resistir a todas las tentaciones de “querer saber demasiado deprisa”: el juicio inmediato, la toma de posición automática, el uso de etiquetas y estereotipos para orientarse. Después, elaborar un punto de vista singular y propio sobre lo que sea que se nos presente o que nos afecte.

La facultad de la atención, como pasividad o espera activa, nos desafía a experimentar una temporalidad no inmediatista: no precipitarse o abalanzarse, no quedar llenos de manera prematura, no tener ya una opinión sobre todo lo que pasa o saber siempre de antemano cuál es la opción correcta, sino sostener el tiempo de elaboración de una verdad propia. Un tiempo de proceso, ese “tiempo de ver, comprender y decidir” del que hablaba también el psicoanalista Jacques Lacan.

El segundo sentido de la atención para Weil es la atención al otro. La atención como base sensible de la relación con el otro. ¿En qué sentido?

Weil lo explica a través de la parábola del samaritano: lo fundamental en la relación de cuidado con el otro es la pregunta “¿cuál es tu tormento?”. También a un paralítico, dice Weil, hay que preguntarle cuál es su tormento. Es decir, no presuponer, hablar o pensar por el otro, considerarlo según su apariencia o su origen, sino siempre preguntar y escuchar. Atender a su diferencia, a su singularidad, a su carácter de sujeto.

El cuidado es siempre singular y cambiante. Solicita de nuestra parte una pregunta y un diálogo constante con el otro. De otro modo puede ser también algo opresivo, alienante, asfixiante: ser cuidado como objeto, unidad de una serie, parte de un rebaño. Lo que solemos llamar el mal querer.

(Fragmento de Amador Fernández-Savater y en la imagen Simone Weil durante la revolución española en la Columna anarquista "Durruti")

07/05/2024

"Sólo quien avance bajo el fardo, más o menos agobiante, de sus tinieblas y su sinceridad, bajo el fardo de su verdad más honda, sólo quien avance bajo su peso íntegro y sin disfraz, logrará caminar por el sendero que le llevará a sí mismo: el único sendero en que tropieza uno con la paz y el amor, la gratitud y la sonrisa. Y encontrará lo que todos febrilmente persiguen sin dar jamás con ello: la cristalina fuente de la serenidad y la alegría. Una fuente que brota en el mismísimo punto y el mismísimo instante en que se logra la aprobación de uno mismo tal como es, la aprobación de la vida como es, la aprobación del mundo".

-Antonio Gala- "Ahora hablaré de mi"

* * *

Jesús Quintero: "Señor Gala, ¿qué es lo más inteligente que se puede hacer en esta vida?"

Antonio Gala: "En principio yo le diría: irse a una playa. Pero en el fondo, de verdad, tengo que decirle que salir de esta especie de laberinto en que nos han metido, una vida que no es la nuestra y que no es la mandada. Que es una organización que necesita esclavos para seguir manteniendo la pura organización que necesita esclavos, y así hasta el final. Salirse de esa cadena terrible, desencadenarse. A riesgo de la soledad, a riesgo de la falta de comprensión, pero irse un poco al campo, en el mejor de los sentidos. Salir de esa extraña y monótona esclavitud de cada día. Darle a cada día su propio afán, pero también su propia sonrisa, su propio gozo, su propio color, su propio aroma. Eso es la inteligencia. Porque una inteligencia que no nos ayude a vivir, no la quiero. No me sirve para nada. No creo que le sirva para nada a nadie".

03/05/2013

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