Peluquería de Caballeros David
Peluquería clásica de caballeros, servicios de corte de cabello y arreglo y afeitado de barba.
Peluquería clásica de caballeros donde los servicios fundamentales son el corte de cabello, arreglo de barba y afeitado.
SEMANA SANTA:
JUEVES Y VIERNES CERRADO.
SABADO ABIERTO POR LA MAÑANA Y LUNES CERRADO.
13/12/2025
El belén de Peluquería David.
14/06/2024
El Estadio Lluís Sitjar fue un campo de fútbol de Palma de Mallorca, inaugurado en 1945 y que fue el estadio del Real Club Deportivo Mallorca durante 54 años (1945-1999).
El estadio se denominó anteriormente Es Fortí, contaba con un aforo inicial de unas 15.000 personas y unas dimensiones de 103 x 69 metros, siendo inaugurado oficialmente el 23 de septiembre de 1945, en el primer partido de liga de Segunda División, entre el Real Mallorca y el Xerez F. C., el resultado final, sería un 3-0 favorable al equipo mallorquinista y tendría el honor de marcar el primer gol, el delantero Sanz.
En 1955, el estadio de Es Fortí, pasaría a llamarse Lluís Sitjar, en memoria del presidente que impulsó su construcción. En sucesivas ampliaciones, el aforo del estadio llegaría hasta los 31.000 espectadores, pero en 1998, ante las nuevas normas de seguridad, se reduciría de nuevo su capacidad hasta las 18.000 localidades.
El 13 de junio de 1999 el mallorquinismo se despidió del Estadio Lluís Sitjar, el conjunto bermellón se jugaba con el Celta de Vigo una plaza para la siguiente edición de la Champions y ganó 2-0, rubricando el triunfo con un gran gol de falta en el minuto 88 de Jovan Stankovic, el último gol de la historia del Real Mallorca en el Lluís Sitjar, aunque hasta la conclusión de la temporada 2006/07, el estadio fue utilizado por el RCD Mallorca B, posteriormente quedó en un estado de total abandono y finalmente fue derruido en 2014.
01/11/2020
02/05/2020
Y no lo digo por mi, sino por todos los pequeños comercios que van a sufrir mucho la crisis que se nos viene encima. Se que no sólo los comercios la van a sufrir, obviamente, pero hablo por mi sector.
04/07/2019
--¿Qué va a ser el señor?
--¿Que qué voy a ser? Pues funcionario. Si apruebo las oposiciones, claro.
--El señor me disculpará, solo quería saber qué va a hacerse el señor. Es que soy forastero, ¿sabe usted? Y en mi pueblo esa es la forma usual de…
--Déjelo, buen hombre. Aféiteme.
Una vez conocida la labor solicitada por el cliente, el oficial examinaba a conciencia el rostro y observaba la dirección de crecimiento de cada pelo. La experiencia le había enseñado que esa dirección es importantísima para una segunda pasada de la navaja a contrapelo. Entre tanto, uno de los aprendices se esmeraba en afilarla restregándola contra unas tiras de cuero, mientras otro ponía un poco de agua caliente en una jofainilla con el reborde de goma para limpiar la navaja y un tercero aplicaba jabón –generalmente de la marca LEA-- en una brocha.
El maestro, una vez escrutada la barba a atacar, recogía la brocha que le había preparado el aprendiz, la mojaba en la jofainilla que había preparado otro y con un movimiento rapidísimo para evitar que goteara, aplicaba un brochazo en el mentón del cliente, que seguía asombrado los movimientos de la mano del maestro con casi tanta atención como los aprendices, al tiempo que escuchaba la técnica del enjabonado que relataba el oficial en voz alta a modo de clase magistral:
--Es importante que cada pelo quede perfectamente enjabonado. En caso contrario, la capa de grasa que tiene sobre la queratina actuaría haciendo que resbalase el filo de la navaja y ese pelo quedaría sin cortar. Hay que estar en todo y eso es muy importante.
Terminado el enjabonado llegaba el afeitado propiamente dicho. Si el aprendiz había afilado correctamente la navaja, el rasurado quedaba perfecto. El maestro iba tensando la piel de la zona que iba a atacar. Apretaba en el cuello o tiraba de la nariz cuando tocaba rasurar el bigote. Los aprendices no perdían detalle. Cuando daba la labor por concluida, uno de ellos le acercaba una toalla empapada en agua muy caliente que el maestro aplicaba sobre el rostro recién afeitado del cliente, que encajaba la quemadura como buenamente podía, por lo general sujetándose con fuerza a los brazos de la butaca. Unas palmaditas en la cara a modo de masaje eran el remate de la faena.
Ahora no hay navajas. Por no haber, casi no hay barberos. La mayoría son peluquerías “unisex” y suelen estar atendidas por atractivas señoritas que han sacado el título de FP y, además de peluqueras, son asesoras de imagen.
Pero no saben afeitar.
El negativo de cristal está algo estropeado, pero la imagen está clarísima y la foto es todo un poema.
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Publicado por Malleus
22/02/2019
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