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04/02/2023

-GANARSE EL CHAPIRI-

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que La Legión era considerada un cuerpo militar de mala fama, considerada por la opinión pública y la sociedad como el lugar donde la escoria social acababa, unidad de delincuentes, de drogadictos, de carne de cañón donde se recibía un trato brutal a fin de manejar tamañas bestias. Éramos ni más ni menos el basurero donde nadie quería estar, los apestados, los marginados.
Ese sentir no era ajeno a nosotros, observábamos como el rechazo se evidenciaba en las miradas, en los comentarios, en los cruces de acera, en las protestas cuando nos instalamos en Ronda, en Almería.
No podíamos ocultar lo que éramos, nuestros uniformes eran inconfundibles y nuestro tocado de cabeza aún más si cabe, obsoleto en la evolución de las prendas de cabeza que evolucionaron con los tiempos en otras unidades y sin embargo en la nuestra permaneció impertérrito con el devenir de los años.
El gorrillo legionario con sus inconfundibles borlas desafiando a la estática con su movimiento era un símbolo de la tradición legionaria. Poca gente quería ponérselo, ni tan siquiera tenerlos cerca.
Para nosotros los legionarios era un todo, era la máxima expresión de lo que el servicio incondicional a la patria te otorgaba como reconocimiento, el poder lucirlo. Vestir el chapiri era indicador de capacidad, de haber sido capaz de pertenecer a la mejor infantería de España,a la más sacrificada, la que parecía que intuyó que los vivos de su tropa habían de ser rojos cual ríos de sangre cayendo en pico sobre su frontal haciendo que la borla figurara como esa última gota de sangre a verter por España.
Pocos querían ofrecer tanto por tan modesta prenda ni todos los que quisieron pudieron portarla. El gorrillo demandaba mucho de tu propia vida, exigía olvidar tu vida anterior y generar una nueva de sacrificio a España sin contar los días, ni los meses ni los años.
Por tanto ese gorrillo, ese chapiri en comunión con la verde camisa representaba que un hombre aceptó dar todo por poder ajustarlo sobre su cabeza y el día en que tras meses de padecimientos y vicisitudes se consideraba que era realmente el tipo de hombre que merecía ser parte de la familia legionaria, ese día podía lucirlo. Nunca antes y jamás pasaría por la cabeza de ese tipo de hombre pretender hacerlo.
El chapiri, como cualquier uniformidad evolucionó con el tiempo: Perdió o ganó altura, se equipó con barboquejo para evitar su caída, se engalanó con borlas de seda o de hilo trenzado, fue de tergal, de “pelusilla de fieltro”, llevó distintos frontales con el emblema legionario e incluso no lo llevó o se sustituyó por piezas metálicas, divisas laterales o frontales.
Los cambios, sin embargo nunca variaron su forma primigenia y mucho menos su valor simbólico, el del reconocimiento al compromiso con La Legión y España, el chapiri era ni más ni menos que el reconocimiento de pertenencia a esa élite de guerreros que no escatimarían nada por ellas, incluyendo sus propias vidas.

Han pasado los años, no tantos, como decía al principio y hoy se ven los chapiris por doquier, ya nadie se siente incomodo por su cercanía como antaño, ya todo el mundo lo considera una bonita prenda de cabeza, simpática y cercana, con esa graciosa borla que “baila” con el viento y el avance.
Obviamente esto no habría de ser malo si no fuera porque demasiados de quienes los portan no han tenido requerimiento alguno por su parte para vestirlo…, si no fuera porque esta sagrada prenda ha pasado a ser simbólicamente como el que regala una piruleta o un diploma.
Legionarios de Honor, simpatizantes de hermandades, ganadores de pruebas deportivas…todo el mundo viste el chapiri legionario sin pudor alguno.
- Los meses necesarios para obtenerlo han sido reducidos a 25 euros en un tenderete de la propia institución, en un bazar dentro de los propios cuarteles. Pero realmente eso no es lo peor, ya que un chapiri sin más puede ser una pieza de coleccionista, un adorno o cualquier uso que se le quiera dar.

Fuente Yebra Kimi.

Photos 26/08/2022

Tall tale or exaggerated postcards became popular during the 20th century, especially in the Great Plains. Some were created using trick photography while others were painted. These postcards were popular up until World War I. They eventually died out after that. However, some were still in existence in the 1960s. This postcard is dated somewhere between 1905 and 1915.

01/06/2022

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