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26/01/2025
Hay tan ques
26/01/2025
En esta ubicación ay dos tanques
De l'en laik alosque juegan paibak 2
Mi mamá me contó una historia ocurrida en la localidad donde nació. Una noche, organizaron un baile que duró hasta el amanecer. Uno de los asistentes se emborrachó tanto que, al terminar, decidió volver a pie a su casa, a pesar de que ya era de madrugada.
Para llegar, tenía que atravesar un camino de terracería, solitario y oscuro, bordeado por maleza y órganos (plantas similares al nopal). Según mi mamá, mientras este hombre caminaba tambaleándose, de pronto vio entre los órganos a una mujer de belleza deslumbrante, con cabello largo y un vestido blanco.
No podía distinguirle el rostro. Intrigado, trató de llamar su atención, pero ella lo ignoraba y siguió avanzando. Él, insistente, la siguió con la esperanza de que le hablara. Llegó un momento en que la mujer se detuvo y volteó hacia él. Ahí fue cuando se llevó el susto de su vida ya que la cara de la mujer no era humana, sino la de un caballo, con ojos rojos y un aspecto aterrador.
El hombre, preso del pánico, intentó correr, pero el alcohol le impedía moverse con agilidad y caía constantemente. Gritó pidiendo ayuda, pero la música del baile seguía tan alta que nadie pudo oírlo. No fue hasta que el baile terminó que escucharon sus gritos y acudieron a auxiliarlo. Pasado el incidente, le contó a mi mamá lo sucedido.
Quedó tan impactado que enfermó a los pocos días, y a partir de entonces dejó de beber. Mi mamá también menciona que, tiempo después, mi abuelo caminó cerca de un ojo de agua en la misma localidad y vio a una mujer bañándose de cuerpo hermoso y cabello largo. Al tratar de acercarse, ella giró la cabeza… y la cara que reveló era la de un caballo.
Relato de E. Álvarez.
23/01/2025
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