Sanando con Amor

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12/04/2026

No necesitas convencer a nadie de absolutamente nada.
Porque no importa cuánto lo intentes,
hay gente que jamás va a comprender tu historia,
tus dificultades ni todo lo que te esfuerzas.
No le debes nada a nadie, siempre habrá quien hable sin saber,
pero eso sólo es su problema.
Tu sigue siempre adelante, y sonríe.

04/04/2026

La Energía Crística no es algo lejano ni exclusivo de una tradición, es una Frecuencia que despierta dentro de Ti cuando eliges vivir desde la Conciencia y el Amor.
Durante la Semana Santa, esta Energía se vuelve más palpable, más Presente, como un llamado interno a mirar hacia adentro y reconocer nuestros propios Procesos.
El Viernes Santo no es solo un día de conmemoración, es un portal de transformación.
Representa ese momento en el que algo en tu Vida ya no puede sostenerse.
Cuando las estructuras caen.
Cuando el Alma te empuja a soltar lo que ya cumplió su ciclo.
Desde esta concepción, el Viernes Santo es un espejo: todos vivimos instantes donde atravesamos nuestra propia “crucifixión interna”.
Momentos donde el ego se quiebra, donde las certezas desaparecen, donde duele soltar lo conocido.
Pero ahí, en ese punto exacto, también Nace la posibilidad.
No es el final... es el Umbral.
La Energía Crística te invita a rendirte con conciencia.
A Confiar en el proceso incluso cuando no lo entiendes.
A permitir que lo que debe morir... muera.
Porque lo que se transforma desde la verdad... Renace con más Fuerza.
No puedes llenar la expansión sin atravesar la contracción.
No puedes habitar una nueva versión de Ti sin soltar la anterior.
El Viernes Santo nos recuerda que el Dolor con sentido no destruye... Revela.
Limpia.
Ordena.
Y cuando dejas de resistir, cuando te entregas al proceso con Presencia, algo se alinea dentro de Ti.
La Energía Crística deja de ser un concepto y se vuelve una Vivencia.
En tu capacidad de Amar sin condiciones.
De sostenerte en medio de la incertidumbre.
De Confiar en que todo lo que estás atravesando tiene un Propósito Mayor.
Porque no se trata solo de recordar una historia... se trata de reconocerla dentro de Ti.
Y permitir que, a través de tu propio Proceso, tu Luz también Renazca. 🙏🌠

22/02/2026

La percepción que tengas de tu hermano va a determinar su comportamiento hacia ti.

Tal y cómo le veas y le trates, eso será para ti, él te lo mostrará.

Así si ves que es cruel, mentiroso, egoísta o malvado, eso será lo que te mostrará.

Si le bendices, estarás sanando cualquier percepción errónea que tuvieras de él. Bendecir, bien-decir, solo lo hace nuestra Divinidad. Y si además solo dices cosas bellas y positivas de él, eso será lo que te mostrará.

Tal y cómo percibas el mundo así será para ti. El mundo es efecto, no causa. La causa del mundo que ves, está en los pensamientos que tienes de él. Son por lo tanto tus pensamientos los que tienen que cambiar si quieres ver otro mundo, el mundo perdonado.

Todo es proyección y percepción. Tal y como piense así percibira. El mundo se compone de todo aquello con lo que tú lo dotaste. No puedes ver nada fuera que no esté dentro.

Así pues el cambio está dentro. ¿Por qué piensas lo que piensas? ¿Por qué crees en lo que crees? No lo sabes, estás programado y no eres consciente.

Una buena autoindagacion, nos mostrará que tenemos creencias que no nos hemos cuestionado y están gobernando nuestra vida.

Haces y permites cosas y no sabes por qué. Son programas y creencias que están en tu inconsciente. El inconsciente gobierna nuestra vida y lo llamamos destino.

Debemos de cuestionarnos nuestro sistema de pensamiento, éste crea nuestra realidad. No hay nada más allá de nuestro mundo mental.

El observador nos mantiene en el presente, observando y cuestionando todo, sin hacer juicio, es el camino para el despertar.
La sombra en nosotros debe de ser vista, expuesta, aceptada y transcendida. La sombra es todo lo que tememos, ocultamos, nos da vergüenza y nos molesta en los demás. Hasta que no aceptamos nuestra sombra, estamos en lucha. No hay paz. Con el alcohol o con las dr**as, sale nuestra sombra. Hacemos lo que no nos permitimos hacer sobrios.

Mientras que no asumas el poder en tu vida y tu responsabilidad, estarás en automático, gobernado por ideas, creencias y programas inconscientes.

No eres víctima del mundo que ves, pues tú lo inventaste. No hay nada ajeno a ti en tu vida, todo habla de ti. Nada ocurre al azar, todo tiene un por qué y un para qué.

Manuel González Bedmar
Acompañante del Perdón

13/02/2026

“La vida da muchas vueltas, por eso te pedimos disfrutar el momento presente, vivir cada instante de la mejor manera posible y amar intensamente a los que te rodean para que más adelante no te lamentes por no haberlo hecho.

Ama, abraza, viaja, conoce, baila, descansa, besa, sueña en grande, porque mereces ser feliz, mereces tener una vida plena y g***r de lo que Dios te pone en el camino.

Atrévete aunque te de miedo, elige probar cosas diferentes, sal de tu zona de confort, para que cuando llegue la hora de partir te lleves esas memorias increíbles y recuerdos maravillosos de lo que fue este gran viaje.”

Arcángel Ariel.

12/02/2026

BAÑO PARA SANAR EL CORAZÓN❤️‍🩹
Y ATRAER AMOR SANO...

En una olla hierve:

• 1 litro y medio de agua
• Pétalos de rosa blanca y rosa roja
• Un puñito de manzanilla
• Un chorrito de miel

Mientras hierve, visualiza cómo se libera tu corazón de tristezas, decepciones y amores que dolieron.
Apaga el fuego, deja reposar, cuela y reserva.

Tómalo un domingo, preferentemente de día.
Después de tu baño normal, vierte el preparado del cuello hacia abajo lentamente y reza:



Oración de sanación y amor sano:

Hoy libero mi corazón de todo dolor,
de promesas rotas,
de amores que no supieron cuidarme.

Sano mis emociones,
cierro heridas invisibles
y recupero mi paz interior

Así como estas flores son suaves y armoniosas,
así llega a mí un amor tranquilo,
leal, presente y sincero.

Que lo que venga a mi vida
me sume, me cuide y me respete.
Que nunca más confunda amor con sufrimiento.

Mi corazón se limpia,
mi energía se equilibra
y mi camino se abre al amor verdadero.

Lo que dolió se va,
lo que me merece llega.
HECHO ESTÁ!

13/01/2026

Tener una pareja emocionalmente inteligente es un privilegio silencioso, pero inmenso. ❤️‍🩹

Puedes hablar sin miedo, llorar sin sentirte débil, mostrarte sin máscaras.
No hay gritos.
No hay castigos de silencio.
No hay juegos de poder.
Hay escucha.
Hay pausa.
Hay manos que sostienen.
Hay holding.

Jessica Benjamin diría que ahí aparece algo muy raro y muy valioso:
el reconocimiento mutuo.
No uno sometido, no uno que gana y otro que pierde, sino dos sujetos que pueden verse sin borrarse.

Alguien que no te controla,
no te corrige,
no te reduce,
pero se queda contigo
mientras te atraviesas.
No te arregla.
Te acompaña.

Eso, eso es amor.
Psicóloga Wen

12/01/2026

Vivimos tan pendientes de todo lo de fuera que, sin darnos cuenta, nos vamos dejando para después. Corremos, cumplimos, resistimos… pero olvidamos escucharnos. Y llega un momento en el que el ruido pesa más que la paz.

Volver a ti no es huir del mundo.
Es recordar quién eres cuando nadie te exige nada.
Es reencontrarte con esa versión tuya que no necesita demostrar, que no compite, que no se compara.

Ahí, en ese espacio interno al que casi nunca entramos, siempre hay calma. No porque todo esté resuelto, sino porque ya no luchas contra ti mismo. Porque entiendes que sentir no es debilidad, que parar también es avanzar y que cuidarte no es egoísmo, es necesidad.

Volver a ti es elegirte incluso cuando cuesta.
Es soltar lo que pesa, aunque duela.
Es aprender a caminar despacio en un mundo que va demasiado rápido.

Quizá hoy no tengas todas las respuestas. Quizá aún haya dudas, heridas o miedos. Pero si vuelves a ti, si te escuchas con honestidad y te tratas con la misma compasión que das a los demás, encontrarás un refugio que nadie puede arrebatarte.

Porque cuando todo afuera se desordena, volver a ti siempre será el acto más valiente.
Y ahí, incluso en medio del caos, siempre hay calma.

02/01/2026

"Cuando alguien te insulta, te ataca o te juzga… no está hablando de ti, está hablando de su herida, de su vacío, de todo lo que no ha podido resolver por dentro.

El que te envidia, no ve tu brillo, ve su propia oscuridad.
El que te critica, no soporta su reflejo.

El que te roba, no conoce lo que es vivir en abundancia.

Las personas solo pueden dar lo que tienen dentro.
Si alguien da odio, es porque vive con dolor.

"Si alguien da amor, es porque ha hecho las paces consigo mismo.
Por eso, no tomes personal lo que no es tuyo.
No respondas desde la herida.
Responde desde tu luz.
Porque cuando uno se descubre como amor, ya no necesita herir a nadie".

02/01/2026

PONLE UN ÁNGEL...
A todo el que quieras ver protegido, “PONLE UN ÁNGEL”.
Cuando te acuestes a dormir pon un ángel en cada puerta y en cada ventana.
Jamás podrá acercarse alguno que lleve intenciones negativas.
Si lo logra, sentirá un desgano súbito y se alejará rápidamente, porque las vibraciones potentísimas del bien dominan las del mal como la luz ilumina a la oscuridad.
Cuando salgas dejando tu casa sola, rodéala de ángeles. Sienta un ángel al lado del chofer que te lleva o que lleva a tus seres queridos.
Esto es el amor en acción. Pruébalo una sola vez y quedarás para siempre convencido.
Te Pongo un ÁNGEL
Conny Méndez.

01/01/2026

Maktub significa “ya estaba escrito”.
Pero no habla de un destino pasivo, sino de una verdad más profunda:
lo que es para ti encuentra su camino cuando tú caminas en coherencia.

Confiar en el Universo es confiar en el Maktub.
Es entender que no todo se empuja, no todo se fuerza
y no todo se logra desde la prisa o el miedo.

El Maktub se activa cuando haces las cosas con amor.
Porque el amor es la energía que alinea lo que haces con lo que te corresponde.

Cuando actúas desde el amor:

no traicionas tu intuición,

no te conformas por miedo,

no persigues lo que no vibra contigo.

Y entonces, lo que estaba escrito se revela.

Lo que es para ti no necesita lucha.
Puede tardar, puede tomar rodeos,
pero siempre encuentra la forma de llegar.

Y lo que no es para ti, aunque esté cerca,
aunque lo puedas tocar,
no se quedará.

Maktub no es resignación.
Es confianza en el proceso.
Es hacer tu parte con el corazón limpio
y permitir que el Universo haga la suya.

Haz las cosas con amor.
Camina con fe.
Lo que es para ti, ya sabe dónde encontrarte.

20/10/2025

Una mujer con síndrome de Down pasa sus tardes en el hospital abrazando bebés que nadie visita.

Me llamo Laura y tengo treinta y dos años. Trabajo en una librería por las mañanas, pero las tardes son mías. Bueno, no exactamente mías. Son de los bebés.

Todo empezó hace tres años, cuando mi mamá estuvo internada en el Hospital Central. Yo iba todos los días a visitarla, y siempre pasaba por el tercer piso, donde está neonatología. Un día vi el cartel: "Voluntarios buscados para programa de contacto piel a piel". Entré a preguntar.

—¿Puedo ayudar? —le dije a la enfermera del mostrador.

Ella me miró de arriba abajo. Vi esa mirada. La conozco desde que era chiquita.

—Mmm, déjame llamar a la coordinadora —dijo, con una sonrisa que no le llegaba a los ojos.

La coordinadora se llamaba Marta. Era flaca, con anteojos gruesos y una voz suave. Me hizo sentar en su oficina.

—Laura, esto requiere mucha responsabilidad. Hay que lavarse las manos correctamente, seguir protocolos, estar quieta por períodos largos...

—Yo puedo hacer eso —la interrumpí—. Sé leer. Sé seguir instrucciones. Y me gustan mucho los bebés.

Marta se quedó callada un momento.

—¿Por qué querés hacer esto?

—Porque todos necesitamos que alguien nos abrace —le dije—. Y si hay bebés que no tienen a nadie en este momento, yo puedo ser ese alguien.

Me aceptó. Creo que le gustó mi respuesta.

Ahora voy todos los días, de tres a seis de la tarde. Me lavo las manos durante dos minutos completos, me pongo la bata celeste y entro a la sala. Hay ocho incubadoras. No todos los bebés necesitan abrazos, algunos están con sus mamás o papás. Pero siempre hay dos o tres que están solos. Bebés de mamás que trabajan y no pueden venir, o bebés que nacieron de situaciones complicadas y están esperando familias de acogida.

Mi favorito se llama Tomás. Bueno, todos son mis favoritos, pero Tomás tiene algo especial. Nació de seis meses, pesó menos de un kilo. Ahora tiene dos meses y medio y pesa casi dos kilos. Es un guerrero.

—Hola, mi amor —le susurro cuando lo cargo—. Acá estoy otra vez.

Lo apoyo contra mi pecho, piel con piel, como me enseñó Marta. Su respiración es irregular al principio, pero después de unos minutos se acompasa con la mía. Yo cierro los ojos y le canto bajito. Canciones que me cantaba mi abuela. Canciones que no sé si están bien cantadas, pero que salen de adentro.

Las enfermeras ya me conocen. Al principio algunas eran raras conmigo, pero después vieron que yo cumplía. Que llegaba a horario, que me lavaba bien, que seguía todas las reglas. Ahora me saludan con cariño.

—Laura, ¿podés quedarte una hora más hoy? Llegó un bebé nuevo y está muy inquieto —me preguntó Patricia, una de las enfermeras más antiguas.

—Claro que sí.

El bebé nuevo se llamaba Elián. Lloraba y lloraba, con un llanto débil pero constante. Lo cargué y le hablé suave.

—Ya está, ya está. No estás solo. Yo estoy acá.

Se durmió después de media hora.

Pero el día que todo cambió fue un martes de julio. Hacía frío afuera y el hospital estaba más silencioso que de costumbre. Yo estaba con Tomás, tarareándole una canción, cuando escuché voces alteradas en el pasillo.

—¡Por favor, déjenme pasar! ¡Es mi hijo!

Marta salió a atender. Yo me quedé quieta, con Tomás contra mi pecho.

Entró una mujer joven, no tendría más de veinticinco años. Tenía el pelo oscuro pegado a la cara, los ojos rojos de llorar y las manos temblando.

—¿Dónde está? ¿Dónde está mi Felipe? —preguntó, desesperada.

Marta la guió hasta una incubadora en el fondo. Yo no podía ver bien desde donde estaba, pero escuchaba.

—Señora Méndez, Felipe está estable, pero no ha respondido bien a los estímulos. Hemos probado todo... —explicaba Marta.

—¿Qué significa eso? ¿Qué le pasa a mi bebé? —la voz de la mujer se quebraba.

—Significa que está como... dormido muy profundo. Sus signos vitales están bien, pero no abre los ojos, no reacciona cuando lo tocamos. Es como si no quisiera despertarse.

La mujer se tapó la boca con las manos.

—Yo... yo no pude venir antes. Tuve un accidente, estuve en otro hospital. No pude estar con él cuando nació. Él nació y yo no estaba.

—Señora, usted tuvo un trauma severo. Nadie la culpa...

—Pero él sí —sollozó—. Él nació y buscó a su mamá y yo no estaba. ¿Y si por eso no quiere abrir los ojos? ¿Y si se rindió?

Algo en mi pecho se apretó. Devolví a Tomás a su incubadora con mucho cuidado y me acerqué despacio.

La mujer estaba parada frente a la incubadora de un bebé diminuto. Felipe. Lo miraba a través del plástico, con las manos apoyadas en el vidrio.

—Perdón —dije bajito—. Yo soy Laura.

Ella se dio vuelta. Vi en sus ojos el mismo cansancio que a veces veo en el espejo.

—¿Vos trabajás acá? —me preguntó.

—No. Yo vengo a abrazar bebés.

Algo en su cara cambió.

—¿Abrazaste a mi Felipe?

—No —admití—. Él llegó hace solo dos días. Pero puedo hacerlo si vos querés.

—¿Para qué? —dijo, y su voz sonó rota—. Si ni siquiera reacciona.

—Porque todos necesitamos que nos abracen —le dije, repitiendo las palabras que le había dicho a Marta hace años—. Aunque no lo demostremos.

Marta se acercó.

—Señora Méndez, ¿le gustaría intentar el contacto piel a piel con Felipe? Laura tiene razón. A veces los bebés responden a cosas que los instrumentos no pueden medir.

La mujer dudó.

—¿Y si no funciona? ¿Y si lo cargo y él sigue sin... sin verme?

—Entonces al menos sabrá que su mamá está acá —le dije—. Que vino a buscarlo.

Marta preparó todo. Le enseñó a la señora Méndez cómo lavarse, cómo colocarse. Sacaron a Felipe de la incubadora con todo cuidado, con los cables y tubitos todavía conectados. Lo acomodaron contra el pecho de su mamá.

El bebé no se movió.

La señora Méndez empezó a llorar en silencio. Lágrimas que le caían sobre la cabecita de su hijo.

—Perdóname —le susurraba—. Perdóname por no estar. Perdóname por demorar. Pero acá estoy ahora. Tu mamá está acá.

Yo me quedé cerca, sin saber bien qué hacer. Pero algo me decía que tenía que quedarme.

—Cantale —le dije de pronto.

Ella me miró, confundida.

—¿Qué?

—Cantale algo. Lo que sea. Una canción de cuna, una canción que te guste. Él conoce tu voz. La escuchó cuando estaba en tu panza.

—No sé cantar —murmuró.

—No importa. Yo tampoco. Pero a los bebés no les importa si cantás bien. Les importa que seas vos.

La señora Méndez cerró los ojos. Y empezó a cantar, con una voz quebrada y bajita, una canción que yo no conocía. Era una canción en otro idioma, creo que quechua. Una canción de su abuela, dijo después.

Pasaron cinco minutos. Diez.

Y entonces lo vi. Un movimiento pequeñito. Los deditos de Felipe se cerraron, agarrando la bata de su mamá.

—¡Marta! —susurré fuerte—. ¡Mirá!

Marta se acercó rápido con una linternita. Revisó al bebé sin separarlo de su mamá.

Y entonces pasó. Felipe abrió los ojos. Unos ojos oscuros, enormes, que miraron directo a su mamá.

La señora Méndez se quedó congelada, con la boca abierta.

—Hola —le susurró—. Hola, mi amor. Soy yo. Soy tu mamá.

El bebé no apartó la mirada. Marta revisó los monitores y sonrió.

—Sus signos mejoraron. El ritmo cardíaco está más estable. La respiración también.

—¿Qué significa? —preguntó la señora Méndez, sin dejar de mirar a su hijo.

—Significa que estaba esperando —dije yo, y mi voz también salió quebrada—. Te estaba esperando a vos.

La señora Méndez me miró con los ojos llenos de lágrimas.

—Gracias —me dijo—. Gracias por decirme que le cantara.

—Yo solo abrazo bebés —le dije, encogiéndome de hombros—. Vos hiciste lo difícil. Viniste a buscarlo.

Marta me tocó el hombro.

—Laura, creo que ya podés irte. Son casi las siete.

Pero antes de irme, me acerqué una última vez.

—Señora Méndez —le dije—. Felipe es un bebé con suerte. Tiene una mamá que canta canciones de su abuela y que vino a buscarlo aunque estaba lastimada. Eso es amor puro.

Ella asintió, sin poder hablar.

Esa noche, en el colectivo de vuelta a casa, miré por la ventana y sonreí. La gente siempre piensa que yo doy abrazos porque tengo mucho amor para dar. Y es verdad. Pero también recibo mucho amor. Cada vez que un bebé se calma contra mi pecho, cada vez que una mamá como la señora Méndez encuentra a su hijo otra vez, yo también me curo un poquito.

Porque no importa cómo nacimos, o qué nos dijeron que podíamos o no podíamos hacer. Lo que importa es esto: estar ahí cuando alguien nos necesita. Abrazar. Cantar. Quedarse.

Y eso sí lo puedo hacer.

Eso lo hago muy bien.

Crédito a su autor

03/10/2025

Al final, la vida se trata de lo que no se compra.

De los abrazos que te sostienen cuando no tienes palabras.

De las risas que te curan sin receta.

De todas las miradas que te dicen "estoy aquí" sin necesidad de hablar.

La vida no se mide en lo que tienes, sino en los momentos que te hicieron sentir que todo valía la pena.

En la gente que se quedó cuando no eras fácil de querer.

En los pequeños milagros de cada día: Un atardecer, una canción, un pequeño gesto inesperado.

No se trata de acumular.

Se trata de vivir ligero.

De valorar lo que el dinero no puede comprar, lo que el tiempo no puede borrar, lo que el corazón guarda en silencio.

Porque al final de todo amigos míos , nos llevamos eso: Los momentos
que nos hicieron sentir verdaderamente vivos.
Crédito al autor 🙏🏻

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