Historias Insomnio Paranormal
Historias paranormales y relatos del fin del mundo 🧟♂️
Terror narrado que no te dejará dormir
Nuevos relatos todos los días
08/07/2026
El niño que dibujaba personas antes de que murieran
Todo comenzó cuando Daniel tenía apenas siete años.
Era un niño tranquilo, reservado y con un talento extraordinario para dibujar. Pasaba horas sentado en la mesa de la cocina llenando hojas con retratos de personas que, según él, veía en sus sueños. Su madre siempre creyó que era solo imaginación.
Hasta que un domingo encontró un dibujo sobre la mesa.
Era el retrato de don Ernesto, el panadero del barrio. Lo extraño era que aparecía acostado dentro de un ataúd, rodeado de flores blancas y con los ojos cerrados.
—¿Por qué dibujaste eso, hijo? —preguntó inquieta.
Daniel respondió sin dejar de colorear.
—Anoche soñé que todos iban vestidos de negro... y él estaba dormido para siempre. Su madre rompió el dibujo y le pidió que no volviera a hacer algo así. Al día siguiente, don Ernesto sufrió un infarto mientras abría su panadería.
Murió antes de que llegara la ambulancia. Nadie relacionó aquel dibujo con la tragedia. Pero semanas después ocurrió de nuevo.
Daniel dibujó a su maestra sosteniendo unas flores mientras un autobús aparecía destrozado detrás de ella.
Tres días después, el autobús donde viajaba la profesora sufrió un terrible accidente.
No hubo sobrevivientes.
A partir de entonces, el miedo comenzó a instalarse en la casa.
Cada vez que Daniel terminaba un retrato, alguien del pueblo moría pocos días después. Su madre escondió los lápices, quemó los cuadernos e incluso lo llevó con médicos y psicólogos.
Nadie encontró una explicación. Con el tiempo, los vecinos comenzaron a enterarse. Algunos le rogaban que jamás los dibujara. Otros cruzaban de acera al verlo pasar. Decían que el niño estaba ma***to. Una noche, Daniel despertó sobresaltado y tomó una hoja nueva. Dibujó durante horas sin pronunciar una sola palabra.
Al amanecer, dejó el cuaderno sobre la mesa y salió a jugar como cualquier niño.
Su madre abrió el cuaderno con las manos temblando. Al verlo, sintió que el aire le faltaba.
El dibujo era de ella. Vestía la misma ropa que llevaba puesta en ese momento. Detrás de su figura había un enorme árbol caído y una ambulancia. Desesperada, decidió no salir de casa ese día.
Pensó que, si evitaba cualquier peligro, nada ocurriría. Pero esa tarde escuchó gritos en el patio.
Corrió hacia la ventana y vio a Daniel jugando debajo del viejo árbol que estaba a punto de desplomarse. Sin pensarlo, salió corriendo para salvarlo. Empujó a su hijo con todas sus fuerzas justo antes de que el enorme tronco cayera.
Daniel sobrevivió. Ella no.
Desde entonces, el niño nunca volvió a dibujar personas.
Solo árboles. Porque entendió que algunos dibujos no anunciaban la muerte...
Intentaban evitarla.
08/07/2026
La mujer que enterró la fotografía de su mejor amiga y desde ese día dejó de sonreír
Cuando Sofía y Valeria se conocieron en la preparatoria, juraron que nada ni nadie podría separarlas. Eran como hermanas. Compartían secretos, sueños y hasta celebraban juntas cada logro.
Pero con el paso de los años, la vida comenzó a tratarlas de manera muy diferente.
Mientras Sofía consiguió un buen trabajo, formó una familia y poco a poco cumplía todas las metas que alguna vez imaginó, Valeria parecía quedarse estancada. Cada vez que veía una nueva fotografía de su amiga viajando, sonriendo o celebrando algún éxito, sentía un n**o en el estómago que ya no podía disimular.
Lo que empezó como admiración terminó convirtiéndose en una envidia silenciosa. Una tarde, una anciana que vendía hierbas en un mercado la observó fijamente.
—Si quieres que deje de sonreír... solo necesitas una fotografía de ella.
Valeria intentó ignorar aquellas palabras, pero la idea comenzó a perseguirla durante días. Finalmente llevó una fotografía donde Sofía aparecía sonriendo junto a su esposo y su pequeña hija.
La anciana no preguntó nada. Solo tomó un puñado de tierra oscura, unas hojas secas y le dijo:
—Entiérrala donde nadie vuelva a pisar. Cuando la tierra la cubra por completo... su alegría también desaparecerá.
Aquella misma noche, Valeria cavó un pequeño hoyo detrás de una vieja barda abandonada. Colocó la fotografía boca abajo, la cubrió con tierra y se marchó sin mirar atrás. Al principio creyó que nada había ocurrido. Pero pocos días después, Sofía dejó de publicar fotografías.
Después renunció a su trabajo. Más tarde comenzaron los problemas con su esposo. Y, con el paso de los meses, quienes la conocían aseguraban que ya no era la misma mujer. Había dejado de reír. Valeria sintió una extraña satisfacción... hasta que una mañana pasó frente al espejo y notó algo que le heló la sangre.
Ella tampoco estaba sonriendo. Lo intentó una y otra vez.
Frente al espejo...
En las fotografías...
Con su familia...
Pero era imposible. Su rostro había olvidado cómo hacerlo.
Desesperada, regresó al lugar donde había enterrado la fotografía.
Cavó con las manos hasta encontrarla. Pero al sacarla, descubrió que la imagen ya no mostraba a Sofía. Ahora era su propio rostro el que estaba atrapado bajo aquella capa de tierra.
La anciana apareció detrás de ella y dijo con una calma inquietante:
—La envidia nunca roba la felicidad de otra persona... primero entierra la tuya.
Desde ese día, nadie volvió a ver una sonrisa en el rostro de Valeria.
Y cuentan que, cuando alguien entierra una fotografía movida por la envidia, la tierra siempre decide quién será la verdadera víctima.
¿Crees que la envidia puede destruir primero a quien la siente antes que a la persona envidiada? Te leo en los comentarios.
05/07/2026
"La niña que se llevó la bruja"
La noche era fría en el pequeño pueblo de San Isidro, Oaxaca. Afuera, el viento soplaba con una fuerza inusual, sacudiendo los árboles y azotando las ventanas. Dentro de una humilde casa los padres de Sofía la arropaban en su cama antes de dormir.
—Duerme bien, mi amor —susurró su madre dándole un beso en la frente.
Esa fue la última vez que la vieron.
Al regresar más noche la cama estaba vacía. La ventana de su habitación que estaba cerrada ahora estaba abierta de par en par, dejando entrar el aire helado de la madrugada. No hubo gritos, ni llanto… simplemente desapareció.
Los lugareños se organizaron para buscarla. Con linternas y antorchas, recorrieron los caminos de terracería llamando su nombre. Horas después, en un sendero oscuro que atravesaba el monte, encontraron su ropa perfectamente doblada, como si alguien la hubiese dejado ahí a propósito. Pero no había rastro de Sofía.
Los ancianos del pueblo no tardaron en hablar. Decían que era obra de "La Bruja del Monte", una vieja leyenda que aseguraba que una mujer de rostro cadavérico se llevaba a los niños. Nunca dejaba huellas… solo el eco de un lamento en la noche.
Esa misma semana, varias madres juraron haber visto una sombra alargada deambulando entre las casas, susurrando el nombre de otros niños.
Desde entonces, nadie en San Isidro deja las ventanas abiertas por las noches. Y si alguna vez escuchas que alguien llama a tu hijo en la oscuridad… no lo dejes responder.
05/07/2026
En los pasillos del Hospital Juárez de México y del Hospital San Juan de Dios, todavía resuena una historia que ha inquietado a pacientes y trabajadores durante décadas. Se dice que, en el año 1943, una enfermera llamada Eulalia recorría las salas con una impecable vocación de servicio. Su uniforme, siempre perfectamente almidonado, y su actitud amable la distinguían entre el resto del personal.
Eulalia dedicaba su vida al cuidado de los enfermos, pero en su corazón guardaba un secreto: un amor no correspondido. Se había enamorado perdidamente del doctor Joaquín, un joven médico que, aunque cortés, jamás sintió por ella lo mismo. Día tras día, ella lo observaba en silencio, esperando que algún día él le devolviera la mirada con el mismo anhelo. Pero ese día nunca llegó.
La indiferencia del doctor la consumió poco a poco. Lo que alguna vez fue una enfermera ejemplar se convirtió en una sombra de sí misma. Su trato con los pacientes se volvió frío, distante, e incluso cruel. Dejó de administrar medicamentos a tiempo y comenzó a perderse en una profunda tristeza.
Una noche, incapaz de soportar más el dolor, Eulalia tomó una decisión fatal. Se encerró en una de las habitaciones vacías del hospital y puso fin a su vida. Desde aquel día, su historia se convirtió en una leyenda… pero su presencia nunca desapareció por completo.
Con el paso de los años, pacientes han reportado haber sido atendidos por una amable enfermera, una mujer de apariencia joven con un uniforme impecablemente planchado. Se acerca en la penumbra de la madrugada, les toma la mano y les dice que todo estará bien. Pero cuando preguntan por ella, los médicos solo intercambian miradas inquietantes.
“Aquí no hay ninguna enfermera con ese nombre… y mucho menos alguien con esa descripción.”
22/04/2026
Imagina subir a tu techo y encontrarte con algo así, sería algo escalofriante no lo crees...
22/04/2026
Eso que viste en esa ocasión no fue alucinación, tal vez fue real...
Día 4, Algo los llamaba ...
03/01/2026
Esa noche algo los acompañaba ...
03/01/2026
Fotografía, juzgue usted ...
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