Pagina de divulgación, educación y consultoría en linea, sobre Esencias Florales para trabajar Arquetipos Femeninos y Masculinos.
La Canción de Eva y la Danza de Adán
Esencias florales para sanar las heridas del alma
Aprender desde nuestras diferencias, acercarse desde nuestros complementos
La mujer y el hombre están prisioneros de una biografía arquetípica que revive en su propia historia. Hasta que no corten esta atadura y sacudan su yugo no podrán disponer de la energía que cada arquetipo femenino y masculino retiene, a
trapada en su sombra, y que priva a la conciencia de un empuje y una potencia necesaria para seguir evolucionando. Los arquetipos, como concepto, representan las huellas de sucesos colectivos, reiterados y significativos por los que la humanidad ha transitado a lo largo de su desarrollo como especie. En este sentido son como la memoria de los eventos que los seres humanos no pudieron asimilados como aprendizaje. Al no ser vividos en su totalidad, no se pudieron elaborar y digerir y permanecen como núcleos encapsulados que no pueden dejarse atrás. Estas marcas -reliquias, vestigios del ayer que se expresa en mitos, ritos y símbolos- han quedado grabadas en el inconsciente colectivo de los hombres como un fragmento que demanda ser experimentado, escuchado e integrado a la totalidad del Ser. En suma, conforman los apegos que la humanidad necesita disolver, lo estancado que requiere fluir. Hay una ley que gobierna el alma: lo no aprendido se repite una y otra vez como una manera de señalar los pendientes sobre los cuales la humanidad debe trabajar para poder seguir avanzando, unirse más y prosperar como común-unidad. Lo no aprendido arquetípico se encarna en cada historia individual, de manera que, toda persona queda apresada (detenida, inmovilizada, aferrada, sujetada) no sólo a su propia biografía sino a la acción coercitiva del universo colectivo. Somos, en parte, cada uno de nosotros, los arquetipos en lo cuales la humanidad se encuentra encallada
Estructuras arquetípicas femeninas y masculinas
Así como existen arquetipos comunes a toda la humanidad hay otros que son propios de cada género. La totalidad de las estructuras arquetípicas femeninas y masculinas están presentes en el interior de toda persona pero hay, en cada una de ellas, cierta disposición a dejarse dominar por alguna en especial. De modo que, cada mujer y hombre, están inclinados por cierta afinidad con una fuerza ancestral que debe aprender a poder sacar a la luz para hacerse responsable de ella y comprender el significado de su presencia en su vida. De este modo, logran estar preparados para hacer que este empuje arquetípico deje de ser un peligro que la asecha desde la oscuridad y se convierta, en cambio, en oportunidad para su desarrollo y evolución. Los mitos de las Diosas y Dioses constituyen la expresión externa de los arquetipos femeninos y masculinos, de la arqueología de su psiquismo y dan cuenta de las diversas experiencias que una mujer o un hombre viven en el transcurrir de su existencia. Las Diosas y Dioses viven dentro de cada persona y si bien para los seres humanos en la actualidad las Diosas y Dioses ya no son parte de una estructura religiosa y social, si son vividas, en cambio, como realidad psicológica. Las Diosas y los Dioses moran en el corazón de cada uno de nosotros y los mitos son un puente para poder comprender como esos residuos arcaicos que llamamos arquetipos moldean la personalidad y la conducta de nuestra vida.